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El consejo de administración del Banco de Rusia mantuvo el tipo oficial en el 14,00% anual el 23 de octubre de 2026. La decisión siguió a la bajada de julio y a la pausa de septiembre. El banco central afirmó que la economía crecía a un ritmo moderado en la segunda mitad de 2026, pero que las presiones actuales sobre los precios seguían elevadas y las expectativas de inflación eran altas. Justificó mantener el tipo porque el crecimiento subyacente de los precios todavía no se había desacelerado lo suficiente como para reanudar la desinflación. Es una decisión de política monetaria y la evaluación del propio banco, no una medición independiente del efecto de los tipos en cada hogar o empresa.
El banco estimó que el crecimiento actual de los precios, ajustado estacionalmente, promedió un 8,0% en tasa anualizada en el tercer trimestre, frente al 4,8% en el segundo. Un indicador similar de inflación subyacente aumentó del 4,5% al 6,2%. El banco central advirtió que los componentes volátiles, principalmente los combustibles de automoción, seguían influyendo en los precios. Según el comunicado, la inflación anual era del 6,8% a 19 de octubre y el banco proyectó un 7,1–7,6% a finales de 2026. Estas cifras tienen definiciones y periodos distintos: los indicadores trimestrales anualizados no equivalen a la tasa interanual, y el rango de fin de año es una previsión, no un resultado observado.
Los materiales de la decisión describen condiciones mixtas de demanda y oferta. Los datos de alta frecuencia sugerían que la confianza empresarial mejoró algo en octubre tras los bajos niveles de los meses anteriores. El crecimiento de la demanda de consumo se estaba ralentizando, pero seguía elevado; la inversión se recuperaba frente a los niveles de comienzos de año. El banco dijo que la tensión laboral se moderaba gradualmente: las encuestas de empresas mostraban mejoras desiguales en disponibilidad de trabajadores y una desaceleración salarial que se acercaba al crecimiento de la productividad. No obstante, la brecha entre ambos seguía siendo considerable y el desempleo estaba cerca de mínimos históricos. Es la síntesis del banco de datos operativos y encuestas, no una medición completa de todos los sectores.
El banco dijo que las expectativas de inflación de hogares y empresas bajaron ligeramente en octubre, pero en general se mantuvieron cerca de máximos de dos años durante los últimos meses. Las expectativas de participantes del mercado y analistas aumentaron. Evaluó las condiciones monetarias como moderadamente restrictivas: los tipos nominales subieron en la mayoría de los segmentos financieros, pero el grado de restricción real varió poco al tener en cuenta las expectativas de inflación. Los bancos endurecieron algunos criterios no relacionados con el precio para los préstamos corporativos, sobre todo los requisitos de calidad crediticia. La actividad crediticia media fue elevada en el tercer trimestre, impulsada principalmente por empresas; los préstamos minoristas crecieron moderadamente y la propensión de los hogares al ahorro bajó ligeramente, aunque siguió alta.
El banco afirmó que los riesgos inflacionarios superaban a los desinflacionarios a medio plazo. Citó posibles desequilibrios entre oferta y demanda si la demanda interna se mantiene más fuerte o se prolonga la pérdida de capacidad productiva, así como el traslado de costes a precios por expectativas elevadas. Otros riesgos son que los salarios crezcan durante mucho tiempo más que la productividad, un deterioro de las perspectivas mundiales y mayores presiones de precios globales ante tensiones geopolíticas. Una desaceleración más intensa de la demanda interna sería un riesgo desinflacionario. El escenario base prevé un tipo medio del 12,5–13,5% y una inflación del 4,0% en 2027. Son proyecciones condicionales, no un compromiso sobre la trayectoria futura de tipos o precios; la próxima decisión está prevista para el 18 de diciembre de 2026.